"El mismo impulso": unas cuantas ideas de Scorsese sobre los documentales

Y otros tantos de los mejores documentales que tiene, o aquellos por los que podrías empezar

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En 2007, Raffaele Donato se sentó a hablar con Martin Scorsese de sus documentales, y de las ideas que había detrás de ellos. De su propia concepción del cine documental, de cómo enfrentarla a su ficción. Donato había trabajado antes con Scorsese, especialmente en preservar films, conservar legados propios y ajenos y más.

Las nueve páginas que incluyeron en la revista académica Film History son toda una clase de estilo sobre esa clase de películas:

  • Representar/planificar y grabar la realidad son el mismo tipo de “impulso natural”. “Van de la mano. Por eso no hay para mí diferencia entre ficción y no-ficción

  • La mezcla de los dos impulsos está muy influida por el neorrealismo italiano. Los vi por primera vez cuando tenía cinco ó seis años. Tenían esa clase de urgencia, de inmediatez. La sentí yo mismo y la sentí viendo las reacciones de mi familia hacia ellos. (…) Y luego vi las películas de Hollywood, que también me afectaron por contraste. Hollywood estaba y está asociado a la idea del artificio, de la interpretación pura”.

  • En la Universidad, “aunque aún seguía más interesado en la estilización, en el cine interpretado, cine hollywoodiense”, una serie de películas difuminaron las líneas entre documental y ficción: “Teníamos toda la revolución de John Cassavettes, capaz de combinar drama interpretativo y énfasis en los personajes con un estilo que tuviera la inmediatez del documental. (…) Shirley Clarke también. (…) Teníamos la nueva ola francesa, también en las fronteras entre ficción y documental pero de un modo completamente distinto a Cassavettes. Al final de la escapada, de Godard, era algo distinto de nuevo: ficción, realidad, poesía, ensayo, todo a la vez (…) Y teníamos a Jean Rouch y Chris Marker”. Y más: el cine italiano, el británico:

  • Los documentales de Drew, Pennebaker, los hermanos Maysles encontraban hueco en los cines tradicionales a través de los canales de distribución y exhibición estandar. No había nada especial que hacer con ellos: “Durante una década, los exhibidores los vieron del mismo modo que películas de ficción. Rompieron esa barrera”. Pero alguien la volvió a levantar.

  • Puedes querer grabar la realidad y que otros la estén representando sin darte cuenta: “Puedes ser fácilmente engañado cuando ruedas un documental, porque para mucha gente es muy fácil "interpretar" la realidad, o el realismo, ante la cámara. Adoptan un tipo de "personalidad de documental". Esto pasa cada vez más y más, porque la gente ya se siente mucho más cómoda delante de las cámaras que hace 40 años, y es sencillo crear trucos, defensas”.

  • Lo que te vale para el documental, te vale para la ficción: “Cuando hice "Italianamerican", el documental sobre mis padres, el estilo fue muy simple. Plano medio de dos personas hablando, algún detalle. Al final, el ser humano, la cara, tenía que ser lo relevante. Y lo que aprendí de mis padres que es siempre la gente la que te da la verdad como gente. (...) Así que siempre estoy intentando recrear en la ficción ese poder del documental, el momento en que algo inesperado sucede, algo inmediato. El más claro ejemplo es la escena de mi madre en Uno de los nuestros. Mi madre, que hace de madre de Joe Pesci, les sirve comida a Pesci, De Niro y Liotta cuando llegan a su casa en mitad de la noche, y la escena es del diálogo en la mesa, la calidez de sus intercambios. No estaba en el guión, pero tampoco tenía por qué estarlo. Bob, Joe y Ray eran muy buenos improvisando y mi madre podía comportarse ante la cámara como lo hacía en la vida real”.

Y precisamente con ese documental que cita Scorsese nos paramos nosotros a repasar su carrera como excelente documentalista, con varios grandes trabajos, estudios concienzudos narrados con mucha astucia y mucho, muchísimo respeto por lo que aborda. Y por el cine, que para él, ya hemos visto, da igual si es de ficción o no. El mismo impulso.

Italoamericano (1974)

Un tierno y divertido relato de esa Italia que viajó a Estados Unidos buscando algo mejor y cómo hizo todo lo posible por sobrevivir. Todo contado ante los entretenidos testimonios de los padres del director, a los que no puedes dejar de escuchar y hasta desearías que te adoptasen. Concretamente Catherine Scorsese es más grande que la vida.

El último vals (1978)

Ni unas inmensas cantidades de cocaína que fluían durante toda la gira podían enmascarar que esta celebración de The Band tenía mucho de marcha fúnebre. Por eso es tan interesante cómo Scorsese enmarca esta eufórica y poderosa última actuación del grupo como un funeral, haciendo una elegía al rock and roll, a la vida del músico en la carretera y a todo el desgaste que ello conlleva. Todo ello rodando de forma ceremoniosa gloriosas interpretaciones de 'The Weight' y 'The Night They Drive Old Dixie Down'.

Un viaje personal con Martin Scorsese a través del cine americano (1995)

La verdad es que uno se podría quedar horas y horas escuchando a Martin Scorsese hablando del cine, del poder de la imagen, de la historia del arte y la forma, no sólo por su insondable conocimiento, sino por el mimo y cariño con el que lo comparte. Eso es lo que nos ofrece este documental en tres partes mucho más barato y entretenido que matricularse en la escuela de cine más cercana.

(N.E: También infinitamente mejor que las discusiones que se montan en la internet actual por cualquier cosa que Scorsese diga)

No Direction Home (2005) / Rolling Thunder Revue (2019)

Capturar a Bob Dylan en cine es casi imposible. Ya es complicado saber hasta qué punto es realidad y hasta cuánto humo y espejos con su música. Todd Haynes lo intentó con I'm Not There con una interesante idea de partida. Quizá por eso Scorsese no intenta tanto explicarlo como explorarlo a través de lo que le (y los que le) rodean, o cuando no explota ese juego entre realidad y ficción con su figura. Lo primero lo hace en el documental en dos partes de 2005, lo segundo lo hace con el más reciente para Netflix. Ambas son dos de las aproximaciones más interesantes y honestas que uno pueda hacer de él.

Shine a Light (2008)

Siendo Scorsese, era imposible que se limitase a rodar y mostrar de forma impecable y con energía a The Rolling Stones, cosa que, ajá, también hace. En los primeros minutos juega con un (ficcionado) caos, la volatilidad imprevisible de sus Satánicas Majestades que lleva a esperar al último minuto para saber lo que van a tocar. Y entre segmentos en los que graba como un auténtico fan, introduce fragmentos de entrevistas previos donde la cuestión recurrente suele ser la de hasta cuándo van a poder seguir siendo The Rolling Stones.

Da la impresión de que esta idea sobre el tiempo y el rock and roll podría haber salido igualmente de haberse hecho el año pasado. Pero mirad de nuevo la fecha.

Public Speaking (2010) / Supongamos que Nueva York es una ciudad (2021)

¿Sabes de esas veces que un amigo insiste en presentarte a un amigo suyo que te va a encantar, que es supergraciosísimo, que es la monda? Este doble programa de Scorsese introduciendo a Fran Lebowitz es un poco eso, pero sin el temor a que no sea realmente gracioso, sino que sea un cretino.

A pesar de lo que muchos entienden mal cuando quieren sonar interesantes, Lebowitz no se centra en soltar burradas que le vienen a la mente con aparente elocuencia, sino que enfoca realmente la vida (y la vida en Nueva York especialmente) observando de verdad el comportamiento humano, empatizando hasta que se da cuenta del asco que realmente damos, así puede lanzar sus dardos con sentido. Y es divertidísima escucharla haciéndolo, claro.

George Harrison: Living in the Material World (2011)

Tiene lo suyo enfocar un documental sobre George Harrison como el retrato de una relación de amor, pero una relación de amor con las drogas. Y la droga no es tanto el LSD como la religión y la meditación trascendental. También el enfoque puramente fan hace un retrato sin demasiadas aristas, más apropiado para los fans del guitarrista de The Beatles por su academicismo, pero está tan bien cuidado que no puede evitar resultar enriquecedor y apetecible.