Godspeed You! Black Emperor, disco a disco (I)

The car is on fire and there is no driver at the wheel

Iconos máximos del post-rock con una trayectoria en dos etapas y un hiato de una década, Godspeed You! Black Emperor se han ganado con sus discos el culto que muchos les profesan. Suya es, junto a la de Mogwai, la idea mental que se nos aparece cuando pensamos en un estilo cuyos andamios armaron y cuyos límites también tocaron. Quizás como ningún otro grupo.

Con la excusa del regreso del grupo, con ese G_d’s Pee AT STATE’S END! del que os hablaremos en la última parte de este repaso, nos damos un paseo disco a disco por la carrera de lo que empezó como un colectivo infinito, con miembros cambiantes que entraban y salían, y ahora se parece más que nunca a un banda de rock al uso.

All Lights Fucked on the Hairy Amp Drooling (1994)

¿¿¿????

En 1994, Godspeed You! Black Emperor (inicialmente llamados God Speed You Black Emperor!) se formaron con sólo tres miembros, Efrim Menuck, Mauro Pezzente y Mike Moya. Y, en realidad, hasta 1998 es imposible saber cuánto es leyenda y cuánto realidad de lo que ellos, sus fans y los medios que han investigado dicen que ocurrió.

Ese mismo año, en una cinta de casette, el trío graba su maqueta de debut, o su debut legítimo; nunca está claro. Es algo así como El Dorado del post-rock: Efrim, cuando le han preguntado, dice que algún día aparecerá en internet y que es un disco de rock, con voces, sin relación con la banda que serán. En 2013, alguien en Reddit afirmó tener la cinta por fin: su cuenta desapareció al poco. En soulseek está, o eso aparenta: con diferentes órdenes de canciones, duraciones, archivos y sonidos.

Se ha reconstruido su libreto, se han oído supuestos fragmentos, se ha sugerido que en realidad el grupo por aquel entonces sonaba como Black Flag (ellos mismos lo han negado), y se ha tratado de reencontrar por todos los medios.

¿Existe o no? Aún hoy se discute, aunque el grupo sí que asegura que se grabó. ¿Es su propia broma, su “imprime la leyenda” fordiano? Qué más da: es fascinante que la discografía de una banda como GY!BE empiece con un misterio así.

f#a# infinity (1998) ★★★★

Tres canciones. ¿O, más bien, temas? Ninguno baja de los 16 minutos y uno casi alcanza los 30. Incluso en 1998, con el post-rock en alza, mirar el listado de canciones de un disco sin título claro y con una portada preciosa, desenfocada y deprimente suponía una osadía. Lo pones por primera vez y frunces el ceño: una larga intro con un discurso aparentemente sampleado. Violines y lamentos de cámara. Composiciones con movimientos. Aquello olía demasiado a los peores tics del sinfonismo y éramos jóvenes, tontos y podíamos permitirnos el lujo de mirar por encima del hombro. Pero ni con ésas: f#a# infinity tenía demasiado pasando dentro como para desdeñarlo.

The car is on fire and there is no driver at the wheel… the sewers are all muddy with a thousand lonely suicides”. Así comienza el disco: oscuridad que en manos inapropiadas sería pura pose, y aquí se revela, y lo hará también en los siguientes disco, como EL DISCURSO. Ahí estás, envuelto en lo que no es ambient pero podría serlo, y de repente, 10 minutos después, un tren atraviesa el disco y empieza a iluminarse todo: lo que hasta entonces sólo eran brumas sonoras se transforma en un western crepuscular de tomo y lomo, como si al grandísimo Ennio Morricone le obligasen a poner la banda sonora de “Un plan sencillo”, de Sam Raimi. Y, seis minutos después, cambia de nuevo: una melodía infantil y, a la vez, muy folkie, se apropia del disco, aliviando la tensión. Tú, como oyente, te caes del caballo, porque no te queda otro remedio. Ni con la defensa alta puedes resistirte a esa gran canción que es ‘The Dead Flag Blues’.

En los créditos, cuatro nombres difusos y sin apellidos: Thea, Aidan, Efrim, Mauro. Aparentemente, más gente en la comuna. Conforme las primeras informaciones iban desvelando secretos de esos misteriosos Godspeed You! Black Emperor, el grupo iba captando más sentido y, a la vez, más posibilidades de críticas para sus detractores. Declarados casi desde su primera entrevista como un grupo político, los canadienses rompían esquemas: ¿se podía mantener, en 1998, un discurso político consistente en un grupo de música? Y, sobre todo, ¿se podía hacer algo así con un grupo instrumental?

f#a#infinity es menos obtuso en su música que lo que su título aparenta. De hecho, todo fluye con una naturalidad impresionante. Las canciones no suenan forzadas ni caen en la trampa de muchos grupos instrumentales, esos que afirman hacer música para bandas sonoras imaginarias. No, en el primer disco de Godspeed You Black Emperor! (cambiamos el signo de exclamación como en su día lo cambiábamos, porque hasta eso era misterioso) las pretensiones se ajustan a los resultados salvo en momentos muy puntuales (hacia la mitad de East Hastings, donde crees que se han anquilosado; también en pequeñas partes de la larga Providence) .

Decía Aidan, en una entrevista a The Independent de 1999, que el grupo era muy superior a las individualidades, que había algo en Godspeed You! Black Emperor que simplemente les obligaba a seguir los dictados de la música: “Me di cuenta nada más empezar a tocar la batería con esta banda que no podía cambiar el tempo”.

En su debut, el grupo suena fresco y, aún hoy, alejado de todos los tics posibles que ellos mismos crearon después. Ni abusos de subidas y bajadas, ni contrastes demasiado evidentes entre la calma y la furia, ni un exceso de esteticismo. Nada de lo que luego acusaron muchos de los grupos que siguieron su mismo camino, incluso algunos de la comuna Constellation, su lugar de origen. Música para dejarse arrastrar, sin ser perfecta. Un notable muy alto.

Slow Riot for New Zerø Kanada (1999) ★★★★★

Bello y poco confortable. En la portada, un lema en hebreo: תֹ֙הוּ֙ וָבֹ֔הוּ, Tohu VaVohu, sin forma y vacío. El estado del mundo según el Genesis. En la contraportada, con forma y bien repleto de detalles, el diagrama en italiano de las instrucciones de un cóctel molotov. ¿La nueva Kanadá Zerø?

Este EP de sólo dos canciones, pero casi 35 minutos, puso a Godspeed You Black Emperor! en el radar de la mayoría de los críticos musicales. En pleno final del milenio, una banda llamaba a la revuelta de manera aparentemente apacible. Lo hacía con un cello cristalino y un violín agreste. Así comenzaba ‘Moya’ (en los conciertos llamada también ‘Gorecki’, porque es una recreación de su tercera sinfonía), pero la calma iba a durar poco. Pronto los canadienses llevaban al oyente hacia un clima tormentoso, donde es azotado con furia por guitarras que, curioso, no necesitan de la distorsión para sonar fieras. Después de que Sonic Youth hubiesen instaurado el feedback y las afinaciones disonantes como patrón para los que querían escribir largas canciones-remolino en los 90, al final de la década llegaba una banda que, como Mogwai más allá de su debut, preferían la furia rock antes que la opción noise.

De hecho, en la misma entrevista antes citada, Efrim asegura que estaban cansados de las escenas musicales de los últimos años: “Estabas en el hardcore y se convirtió en eso que llamaron grunge y, de repente, cualquier cosa interesante que había estado apartada se recuperó. Pero cuatro meses después ves una horrible banda fingiendo poses y copiando lo que tú hacías en tu sótano. Entonces te sentías como un idiota, porque las auténticas comunidades sólo se forman cuando no están bajo los focos. Si los medios de comunicación le ponen un nombre, se acabó”.

En 1999, lo suyo aún no formaba parte de ninguna escena real, más allá de la obsesión de los críticos musicales por etiquetarlo todo. Slow Riot For New Zero Kanada es un disco dedicado al Mile End, un suburbio de Montreal en el que las fábricas abandonadas y el vacío capitalista son el paisaje principal. Efrim aseguró a The Independent que no querían representar todo el barrio, sino pintar “una noción idealista de varios aspectos del lugar, como la vía del tren que lo atraviesa y que va dejando, a cada lado, fábricas abandonadas”.

Puede que el Mile End fuera un paisaje desolado, pero tanto en Moya como en BBF3 se aparece más bien como un sitio emocional, uno de esos paisajes que te obligan, al verlo, a rebelarte contra lo que somos. Había chistes (sí, el poema que se recita en BBF3 es, en realidad, una copia de ‘Virus’ de Iron Maiden), una canción perfecta, quizás la mejor de GY!BE (‘Moya’), una imperfecta con un clímax maravilloso (‘BBF3’), lo mismo que hizo grande lo que vino después pero en 28 cómodos minutos, y nombres, sólo nombres, en los créditos: Aidan, Efrim, Mauro, Dave, Thierry, Norsola, Bruce, Sophie, Moya.

Lo que no sabían Godspeed You Black Emperor! es que, con sus crescendos eléctricos y sus remansos de paz, estaban plantando la semilla definitiva para algo contra lo que ellos, empeñados en plantarle cara al mundo, no se podrían rebelar: su propio estilo. Sobresaliente.

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