¿Por dónde empiezo con... David Lynch?

"Me gusta recordar las cosas a mi manera. Como yo las recuerdo, no necesariamente como sucedieron"

No es la primera vez que hablamos del cine de David Lynch, pero cada vez se pueden decir cosas distintas de su cine porque sus películas rara vez son iguales a la última vez que las vistes. Algo buscado, que lo vuelve al mismo tiempo un autor fascinante y uno frustrante. Su obra se aleja por completo de la categorización fácil, y meterse en ella puede ser muy complicado.

De ahí que el Departamento Hipersónico de Soluciones fáciles No Requeridas ofrece su particular guía de fácil uso del genio surrealista, para no darse de bruces con la marcianada pesadillesca de Cabeza borradora (maravillosa, pero no una puerta de entrada adecuada) al entrar cronológicamente en su carrera. Aquí tienes todo lo que necesitas saber de Lynch, ahora que su obra vuelve a los cines estos días.

Una biografía breve

Nació en Missoula, Montana, en 1946, aunque su vida fue marcada por la constante transición y movimiento, teniendo un padre que trabajaba de científico para el Departamento de Agricultura, que le hacía moverse continuamente. No obstante, la mudanza continua fue algo a lo que el joven Lynch se adaptó con relativa facilidad, siendo más complicado para él la etapa escolar, que no motivaba el pensamiento libre o favorecía el desarrollo del potencial juvenil.

Su primer instinto le llevó a dedicarse a la pintura, que fue su principal estudio en la Escuela de Arte y Diseño de Corcoran, en Washington, y posteriormente en Boston, en la Escuela del Museo de Bellas Artes. Sin embargo, ninguno de esos lugares logró motivarle lo suficiente, así que tras un periodo de movimiento constante se fue a Philadelphia, donde se unió a la Escuela de Bellas Artes, y empezó a desarrollar interés en el cine y en realizar algunos films experimentales. Poco después tuvo a su hija Jennifer, y su recién encontrada paternidad le provocó ciertos sentimientos encontrados. Sentimientos que luego dieron forma al proyecto que sería su primer largometraje tras su paso por el American Film Institute: Cabeza borradora.

Las claves

  • Influencias: Artistas visuales como Marcel Duchamp, Francis Bacon o Edward Hopper. Federico Fellini. Billy Wilder. Luis Buñuel. Ingmar Bergman. John Ford. La fotografía de Stanley Cortez y Karl Freund. Frank Kafka.

  • Surrealismo: Considerado el "primer surrealista popular" por Pauline Kael, su manera particular de interpretar las imágenes ha terminado dejando más huella en la cultura pop de la que uno esperaría. Su entrecruzamiento entre lo onírico, el absurdo, lo perturbador y lo bello no ha sido obstáculo para que Twin Peaks haya sido uno de los productos televisivos más relevantes de las últimas décadas.

  • "Me incomoda hablar de significados y de cosas. Es mejor no saber tanto sobre el significado de las cosas. Porque el significado, es algo muy personal, y el significado para mí es diferente al significado para otra persona" - My Love Affair With David Lynch and Peachy Like Nietzsche (Jason Rogers).

  • Sueños: "En cierto sentido, todo el cine es entrar en los sueños de otra persona. Tal vez incluso podamos compartir los mismos sueños, intercambiar las mismas experiencias".

  • La música: Uno de los elementos fundamentales en su cine es el uso de la música, y la importancia que esta tiene para conducir determinadas escenas en lugar de diálogos o imágenes concretas. A ello ayudan las evocadores composiciones de Angelo Badalamenti, su compositor de referencia, pero Lynch también recurre a distintos tipos de música para expresar sus ideas: de la composición clásica al rock industrial, del rockabilly de los cincuenta al dream pop. Quien sabe si en el futuro le veremos metiendo también a Kanye West (ganas no le faltan).

  • Memoria: "Me gusta recordar las cosas a mi manera. Como yo las recuerdo, no necesariamente como sucedieron" - Carretera Perdida.

  • Arte y ensayo: El estilo de Lynch fluye de manera muy distinta de la que lo hace cualquier otra película, ya sea una convencional o una de algunos de sus imitadores. Sus narraciones tienden a tomar desvíos imprevisibles, a menudo hacia terrenos que parecen incomprensibles y sacados de la manga, y tampoco se ciñen a una trayectoria lineal en cuanto a espacio y tiempo. Y a veces ni siquiera sus personajes siguen una línea concreta. Y su tono también fluctúa entre lo abiertamente terrorífico hacia una comedia que no se disculpa de ser absurda. No obstante, tiene también una habilidad prodigiosa para establecerte en qué plano está situada la acción, y es tremendamente fino para las transiciones.

  • La América pequeña: "Mi infancia fueron casas elegantes, calles arboladas, el lechero, la construcción de fuertes en el patio trasero, el zumbido de los aviones, cielos azules, vallas, hierba verde, cerezos. La América media como se supone que debe ser. Pero en el cerezo hay una brea que rezuma -algunas negras, otras amarillas- y millones de hormigas rojas arrastrándose por todas partes. Descubrí que si uno mira un poco más de cerca este hermoso mundo, siempre hay hormigas rojas debajo. Como crecí en un mundo perfecto, las otras cosas eran un contraste" - David Lynch Por David Lynch (Chris Rodley).

  • Colaboradores habituales: Laura Dern, Kyle Maclachlan, Jack Nance, Naomi Watts, Harry Dean Stanton (actores), Angelo Badalamenti (compositor), Barry Gifford, Mark Frost (guionistas), Mary Sweeney (editora y productora).

Puerta de entrada: El hombre elefante

Muchos podrían decir que lo más apropiado sería empezar por Una Historia Verdadera, que es la más aparentemente convencional de su carrera, además de muy emotiva y tintada con un delicioso amor absurdo, en el que Lynch se vuelve más Fordiano que nunca explorando el corazón de América. Personalmente, soy de los que creen que todos los encantos de esa película florecen más cuando ya estás un poco más hecho con las inquietudes del director, pero no impediré a nadie que elija esta ruta.

No obstante, creo que mucho de lo mencionado anteriormente se puede expresar sobre El hombre elefante, incluso aunque la propia idea de la película parece demasiado extravagante. La ejecución de la misma, sin embargo, es muy apta para distintos paladares, especialmente a los más habituados a una narración clásica. Por su particular empatía para contar esta particular historia, por la riqueza visual y narrativa de Lynch que logra hacer accesible todo y por la belleza en las interpretaciones de John Hurt y Anthony Hopkins. Si Hollywood vio esta película y trató de convertir a Lynch en el próximo gran cineasta que pasase por el sistema de estudios, es suficiente para que sea tu puerta de entrada.

Musts: Terciopelo azul / Twin Peaks / Mulholland Drive

Ha habido muchos Lynch aparentemente incontestables, siendo el primero de ellos la hipnótica y sensual Terciopelo azul, su primer cruce con su musa Laura Dern y su segundo con otro de sus actores predilectos, Kyle MacLachlan. En ella ya tenemos un primer vistazo de un Lynch total, en una escena temprana donde nos pinta un idílico suburbio, de iluminación saturada, verdes prados, lecheros alegrando al vecindario con su paso, que rápidamente se torna turbio al profundizar en los prados, reflejando la podredumbre y corrupción latente en un aparente paraíso.

Una de las obsesiones habituales en la obra de Lynch es el contraste entre el bien y el mal, la cualidad inexplicable y hasta esotéricas de lo mismos, y cómo estos se filtran en cualquier rincón. Terciopelo azul es una película tan hermosa como perversa, y tan pesadillesca como bellamente onírica. El director juega con elementos reconocibles, como la estética suburbana, el sensual ambiente del club nocturno, la figura de la femme fatale, los géneros noir y romántico, y los retuerce con tremendo gusto y buen ojo. El resultado es lo más cerca que una película de terror puede recordar a un disco de dream pop.

Todo ello se acentúo más con su paso televisivo, uno de esos que cambió por completo el lenguaje del medio y sus posibilidades. Twin Peaks lleva aún más lejos sus inquietudes sobre el bien y el mal, sobre el embrujo sobre la América pequeña, sobre el poder de los sueños, la incertidumbre en la memoria y el peligro de la nostalgia (sobre todo la posterior tercera temporada), la corrupción latente en el ser humano.

¿Quién mató Laura Palmer? A Lynch y Mark Frost les importaba relativamente poco resolver esos misterios. Para desgracia de aquellos que vieron eso (equivocadamente) como el verdadero aliciente de la serie, en lugar de un espacio en el que los cineastas buscan dibujar un lugar concreto, habitado por personajes cuyas vidas deseas seguir y rodeado de cuestiones irresolubles pero intrigantes aun así. Sus tres temporadas (o dos y media, que tuvieron un tramo donde dejaron la serie por diferencias creativas) ofrecen decenas de horas de Lynchismo puro, con meticulosos usos del montaje, un torbellino tonal que te arrolla, pero no es caótico, y personajes como el agente Dale Cooper que son historia imborrable de la televisión.

Un camino similar podría haber seguido Mulholland Drive, que empezó siendo un piloto que expandiría el mundo de Twin Peaks pero no funcionó. En su lugar, evolucionó hacia una de las películas más queridas de su filmografía, una donde las cuestiones sobre los sueños y la memoria se vuelven más primordiales, y entra de lleno en la perversión existente en un lugar tan idolatrado como oscuro como es Los Ángeles.

Es una película que, cuando la ves por primera vez, va a ser complicado que "la pilles". Sin embargo, es innegablemente sensorial y desoladoramente emotiva. Mulholland Drive expone mejor que casi cualquier película de su filmografía cómo Lynch, detrás de esa capa de experimentación arriesgada y absurdismo potenciado, deja imágenes que te sacuden por dentro por su profundidad emocional. Te pueden perturbar totalmente, como la icónica escena en el callejón detrás del restaurante, o puedes quedarte desbordando lágrimas siguiendo la historia de los personajes de Laura Harring y Naomi Watts.

Ojocuidao: Inland Empire

Probablemente la elección correcta para esta categoría sería Dune, ya que es la película que el director rechaza más abiertamente y sí, la hizo por motivos equivocados y con el enfoque menos apropiado. Pero el tiempo me ha llevado a apreciar cada vez más cosas de ella, incluso siendo fallida en muchos aspectos, así que voy a advertir sobre la que sí considero la experiencia más frustrante en todos estos años de Lynchismo.

Inland Empire es Lynch a todo lo que da, lo más puro y sin filtrar. Además de escribir y dirigir también se encarga de la fotografía, del sonido (aunque esto lo hace más habitualmente) y del montaje. Así que no hay nadie que le impida estar desatado durante tres horas. Una experiencia que puede ser orgásmica para algunos, y terriblemente frustrante para incluso los muy convencidos como servidor, con su revoltijo de ideas, transgresiones, experimentaciones varias que, incluso aun sabiendo de qué van, es complicado enamorarse de ellas. Sólo recurrir a ella si se quiere desbloquear el modo experto.

Café para cafeteros: Carretera perdida

Probablemente el Lynch definitivo. El mejor, si me permitís opinar (como si no lo estuviera haciendo hasta ahora). Zambulléndose en el cine negro, Lynch se da rienda suelta en todas las formas para tocar mejor que nunca todas las obsesiones mencionadas, incluyendo también aspectos como la culpa reprimida. Es también una de sus películas más inagotables, porque siempre hay algún detalle nuevo a descubrir, otra capa o lectura que extraer, con cada visionado nuevo.

Carretera perdida es un viaje que no ofrece concesiones ni descanso, pero tampoco permite que haya un punto muerto o un instante revelador o lleno de significado. ¿Cuál? El que queráis darle es tan bueno como el mío. De ahí que el termino de película inabarcable se aplica a ella como ninguna otra. Y cuando una película tan maravillosa tiene tanto de lo que tirar, la satisfacción es incalculable.